Evangélicos

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Evangelismo y modernidad : una relación ambigua

El éxito en estos pasados 20 años de las corrientes evangélicas en EEUU y que se corresponde con el tercer "Gran despertar", ha marcado la historia del protentastismo norteamericano. Los "Grandes Despertares" (Great Awakenings) designan períodos de gran fervor religioso. Los dos primeros se remontan, respectivamente, a mediados del siglo XVIII y principios del siglo XIX : durante estas décadas, las conversiones se multiplicaron y las iglesias se movilizaron para revitalización de la religión. Estos "Grandes Despertares" son esenciales para mantener el cristianismo a la americana, un cristianismo "no conformista" y plural, opuesto al europeo ultraconformista e históricamente asociado a un territorio.

Christianismo "no conformista"

En Europa, hasta el siglo XX, dos religiones no debían ser competencia dentro de un mismo territorio (si no corría el riesgo, la confesión competidora, de ser perseguida como en la Irlanda católica y la Bosnia musulmana) siguiendo el lema "un rey, una ley, una fe". Al contrario, en los Estados Unidos, se puede hablar de cristianismo no conformista ya que el Nuevo Mundo ha acogido todas las disidencias religiosas que Europa no quería y creó, por tanto, una competencia entre algunas de ellas en un mismo territorio. Privadas de una institución centralizadora, las corrientes cristianas están provistas en EEUU de un espíritu pluralista inédito para la Europa católica. Los "Grandes Despertares" y las nuevas prácticas y creencias que han generado son indispensables para este dinámica no conformista de cristianismo americano y evitan la pasividad, las costumbres y la pérdida de los fieles. Lo contrario sucede en Europa, con una Iglesia católica inquebrantable.

El Tercer Gran Despertar, hoy fijo, es sin embargo imprevisible en un contexto de secularización de las sociedades occidentales puesto en práctica desde los años 1960.

Por un lado, la revitalización de la religión es percibida como imposible en un mundo moderno dominado por la autoridad de las ciencia y la democracia. Por el otro lado, el carácter cultural y políticamente no progresivo de estas religiones renovadas (al contrario, por ejemplo de la teología de la liberación en América Latina y de su visión marxista de la cristiandad) soprende. Los movimientos religiosos contemporáneos son con frecuencia nacionalistas o fundamentalistas, con un acento particular sobre la autoridad patriarcal o la moralidad .

Hipermodernidad y rechazo de valores modernos

El rechazo de la modernidad es la característica de la religión moderna. El movimiento cristiano evangélico contemporáneo mantiene el avance de una relación ambigua con la modernidad que no rechaza.

Históricamente, el protentastismo evangélico data del S.XVIII. Aparece con el primer "Gran Despertar" inspirado en una vuelta a la piedad, a la conversión, a la ortodoxia. El evangelismo tal y como lo entendemos hoy, es la herencia de esta corriente. Privilegia una lectura literal de la Biblia y una purificación de las costumbres. El conservadurismo social característico de los evangélicos se declina bajo diversas formas y en diferentes grados. Al extremo del espectro conservador los creacionistas, los evangélicos fundamentalistas, rechazan la teoría darwinista de la evolución y llevan un combate estructurado y financiado por los nombres adeptos al movimiento para defender la autoridad del texto bíblico del génesis sobre la teoría de la evolución.

De manera general, los evangélicos, incluso los moderados, militan contra el aborto, el matrimonio homesexual y por el retorno de una sociedad devota. Socialmente, el evangelismo puede, sin equivocación, ser calificado de anti-moderno, en el sentido en que se opone a los progresos científicos y sociales que han revolucionado las sociedades occidentales desde el siglo de las luces hasta hoy.

Sin embargo, incluso en el caso de los radicales creacionistas, la relación de los evangélicos con la modernidad es más ambigua de lo que parece. Según Sébastien Fath, "Las Iglesias evangélicas oscilan entre la subadaptación a la hipermodernidad (utilización de métodos de marketing para la evangelización, gestión democrática de las comunidades, concepción de cultos y de shows musicales) y rechazan los valores modernos (rechazo de la liberalización de las costumbres. Formas de antiintelectualismo y de antiracionalismo) ". La expansión de las iglesias, agencias encargadas de las misiones y otras asambleas evangélicas en el mundo está unida al desarrollo de las tecnologías modernas de la información que permiten enviar mucha gente a todos los lugares, lo mismo si se trata del rancho más aislado en la ruta 66 o el más pequeño pueblo de África del oeste. El evangelismo es desde esta óptica un símbolo de la globalización, símbolo de la (post) modernidad, al mismo nivel que Coca Cola.

Para terminar, la oposición entre evangelismo/conservadurismo contra secularidad/modernidad no puede ser más pertinente en el contexto actual. En efecto, asistimos a un retorno de una espiritualidad religiosa en todas las regiones del mundo, excepto en la Europa occidental. Las cinco religiones principales (hinduismo, budismo, cristianismo, islam y judaísmo) muestran una recuperación del interés de sorprender en todos los aspectos: político, cultural, económico y social. Si modernidad y secularidad son inseparables, postmodernidad y religiones parecen ir acompañados. Andre Malraux lo había previsto : "El siglo XXI será espiritual o no lo será"